El evangelio siempre produce fruto en quienes lo reciben, y uno de esos frutos es la consolación. Pero antes de poder consolar a otros, necesitamos conocer primero al Dios que nos consuela a nosotros.
El domingo pasado en GSO nos acercamos a 2 Corintios 1:3-10, donde descubrimos que no basta con saber que Dios es “el Dios de toda consolación”. Necesitamos experimentar su consuelo en medio de la aflicción.
“Después de orar, lean el texto y usen las preguntas para recordar, aplicar y orar la verdad bíblica.”
2 Corintios 1:3-10
3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. 5 Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo. 6 Pero si somos atribulados, es para el consuelo y salvación de ustedes; o si somos consolados, es para consuelo de ustedes, que obra al soportar las mismas aflicciones que nosotros también sufrimos. 7 Y nuestra esperanza respecto de ustedes está firmemente establecida, sabiendo que como son copartícipes de los sufrimientos, así también lo son de la consolación. 8 Porque no queremos que ignoren, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia. Porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de modo que hasta perdimos la esperanza de salir con vida. 9 De hecho, dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte, a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos, 10 el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar.
Para recordar
- Pablo le da a Dios dos títulos en el v. 3: “Padre de misericordias” y “Dios de toda consolación”. ¿Qué significa cada título, y por qué Pablo los conecta con “nuestro Señor Jesucristo”?
- En los vv. 8-9, Pablo describe una tribulación personal. Según el v. 9, ¿Cuál era el propósito de Dios al permitir que Pablo atravesara una aflicción tan tremenda?
- El v. 10 usa tres tiempos verbales — “nos libró” (pasado), “nos librará” (futuro), “aún nos ha de librar” (futuro repetido). ¿En qué se basa entonces nuestra esperanza? ¿en que no vuelva a haber otra crisis, o en algo más?
Para aplicar
- A veces cuesta identificar y reconocer nuestras propias aflicciones. ¿Cuál es la aflicción específica que estás atravesando hoy — salud, matrimonio, finanzas, un duelo, una decisión que no sabes cómo tomar? Se intencional para orar por ella.
2 Corintios 1:9
9 … a fin de que no confiáramos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos,
- Toma un momento para meditar ¿Cuál es tu plan A en medio de la aflicción? ¿Confiar en Dios o en cualquier otra cosa? Termina esta frase con honestidad: “Cuando enfrento la aflicción, el primer lugar en el que confío es: _____”
- Dios llevó a Pablo al borde de la muerte para que aprendiera a confiar en la fidelidad de Dios antes que en su propia fidelidad. ¿Has aprendido a confiar en la fidelidad de Dios antes que en tu capacidad? ¿Qué tendría que pasar para que lo aprendieras?
2 Corintios 1:10
10 el cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que Él aún nos ha de librar.
- Recuerda una situación en la que Dios te libró de manera evidente en el pasado, y compártela con tu grupo en casa o tu familia esta semana. ¿Qué patrones puedes incorporar para recordar la fidelidad de Dios en tu día a día?
Romanos 8:32
32 El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?
- Dios ya entregó lo más costoso que tenía, ¿cómo cambia esta verdad la forma en que esperas su consuelo en la aflicción de hoy?
Para orar
- Alaben a Dios porque es Padre de misericordias y Dios de toda consolación, y porque ese consuelo no es una promesa vacía, sino una garantía mediada por Cristo
- Confiesen la autosuficiencia: la costumbre de recurrir primero a nuestras propias fuerzas y a Dios solo como plan B.
- Pidan al Señor que en la aflicción, sea presente o futura recuerden el la fidelidad pasada de Dios, y valentía para ofrecer ese mismo consuelo a alguien más.